El huemul que cruzó la cordillera

Después de décadas sin registros de huemules en el Parque Nacional Lanín, la llegada de Newenche abrió una oportunidad para trabajar por su conservación.

A comienzos de 2025, un huemul apareció en el Parque Nacional Lanín. Hacía décadas que este ciervo nativo, el más amenazado de América, no se veía en la Patagonia Norte. El visitante venía desde Chile, cruzando solo la cordillera. Su nombre era Newenche.

Su llegada fue una noticia extraordinaria para guardaparques, investigadores y comunidades locales. Durante años solo había quedado el recuerdo de que alguna vez este territorio fue su hogar. Para Newenche, en cambio, no había fronteras. Solo un bosque al otro lado de la montaña para explorar.

Sin saberlo, ese recorrido dibujó un camino. También nos dejó una pregunta enorme:

¿Qué tenemos que hacer para que Newenche quiera quedarse?

El bosque que alguna vez fue su hogar

Durante siglos, el huemul habitó los bosques andino-patagónicos desde el norte de Neuquén hasta el estrecho de Magallanes, en el extremo sur del continente. Era parte de estos paisajes y convivía con sus pobladores en armonía. Para ellos, el huemul era el guardián de la montaña y su presencia era señal de un bosque sano.

Con el tiempo, ese hogar comenzó a cambiar. No fue una sola causa. La pérdida y degradación del bosque nativo, los incendios, la expansión de actividades humanas, la caza furtiva, la presencia de ganado, la introducción de especies exóticas y la depredación por perros fueron reduciendo sus poblaciones hasta hacerlo desaparecer de gran parte de su distribución histórica.

Hoy el huemul está clasificado como En Peligro tanto en Argentina y Chile como a nivel internacional.

Su ausencia no representa solamente la pérdida de una especie. También es una señal de que el ecosistema perdió algunas de las condiciones necesarias para sostener la vida que alguna vez albergó.

¿Qué necesita para volver a casa?

Para que un huemul pueda habitar un territorio necesita mucho más que un lugar donde estar. Necesita alimento, agua, refugio, tranquilidad y espacio para desplazarse.

Necesita bosques nativos en buenas condiciones, cursos de agua protegidos y ambientes conectados que le permitan moverse. También necesita que las amenazas estén controladas.

Por eso, la pregunta que dejó Newenche no se responde solamente mirando al huemul. La respuesta está en el bosque que lo recibe.

El huemul es, además, una especie paraguas: proteger las condiciones que necesita para vivir significa proteger también a muchas otras especies que comparten ese mismo ambiente.

Si el huemul puede quedarse, el bosque está funcionando.

El desafío, entonces, no es traer al huemul. Es reconstruir el hogar que necesita para volver a elegirlo.

¿Y qué significa eso?

Restaurar bosques nativos, proteger los cursos de agua, reducir amenazas, controlar especies invasoras, promover la tenencia responsable de perros, fortalecer corredores biológicos y construir una relación más respetuosa entre las personas y la naturaleza.

Con este objetivo, desde Amigos de la Patagonia nos sumamos al trabajo que llevan adelante el Parque Nacional Lanín y la Fundación Huilo Huilo, de Chile, para acompañar la recuperación de su hábitat y acercar esta historia a más personas.

Restaurar un bosque es un trabajo que lleva tiempo. Implica recuperar ambientes, proteger el agua, reducir amenazas, generar conocimiento y construir una comunidad que entienda por qué ese territorio merece ser cuidado.

Tenemos mucho por hacer.

 

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